Ya sabéis cuál es mi penúltima adicción, la laca de uñas verde jade de Chanel. Lo que me lleva a recordar cómo se crea una tendencia, cómo se lanza un color y cómo éste se convierte en objeto de deseo.
Una noche, Karl, en el baño de su apartamento de Paris, y totalmente ebrio, se da un golpe contra la estantería donde acumula cantidades industriales de productos de belleza. El primer bote en caer es un tonico facial de Clinique, con su característico tapón verde....en un papelito (del baño) dibuja lo que será el esbozo de su próxima colección, la inspiración acaba de llegar.

Al día siguiente, sus ayudantes (los currantes) ven este dibujo y deciden por unanimidad (eufemismo que indica falta de tiempo para hacer otra cosa) lanzar este verde como color estrella de la colección. Como las ventas masivas se encuentran siempre en los complementos, se lanza toda una línea de perfumería y maquillaje acorde con el color.

Al poco tiempo, se presenta la colección en Paris. Los culjanters detectan el color y deciden sacar versiones del mismo: una camiseta llena de agujeros lucida por un guapo croata, una colección newyorker de un malagueño.....y suma y sigue. Ya está en la calle. Ahora sólo falta tener 1-2 escasas unidades por cada perfumería para provocar un delirio masivo que lleve a locas por las compras a recorrer todas las perfumerías de la ciudad hasta encontrar la famosa laca de uñas, poner a amigos y conocidos en jaque, googlear las webs hasta encontrar un punto de venta...
Y como todo lo que viene, se va. Nos compraremos la laca, nos las pondremos inmediatamente, y cuando Amancio lance su particular clon será el fin...empezaremos a odiar el color y a negar con la mano en la Biblia del moderno (Monocle mediante) que NUNCA, NUNCA, tuvimos tal potingue....ay, qué duro es ser moderno!


































